15.ª Entrega (diciembre de 2023)
Versión del 25/06/2025
Equipo Real Academia Española
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parchís s. (1924-)
parchís, parchis
Etimología. Voz tomada del inglés parchesi, variante del inglés pachisi, palabra atestiguada en esta lengua al menos desde 1801 como 'juego para cuatro jugadores del sur de Asia, que se juega en una tela o tablero cruciforme, en el que (en la forma tradicional del juego) las fichas se mueven de acuerdo con el lanzamiento de seis conchas de cauri'; y al menos desde 1875 como 'cualquiera de las versiones modernas de este juego', significado que perdura en la actualidad, como se observa en el artículo "Specialties", incluido en el octavo volumen de The Publishers' Weekly. A journal specially devoted to the interests of the book and stationery trade (New York, p. 803: "Lippincott consists in a hit at American politics, called 'Election; or, Running for Office' ($2), played on board with cards and dice; and 'Bastille', an historical board game, tempting the skill of young and old, both having the element of reality, which is so often the greatest charm. Of course this is the time for 'Centennial' games, and Mr. E. B. Treat has a number illustrating our history for the past hundred years in a way not to frighten the children. Other games are 'Snap,' 'Crescent,' etc. (card games), by E. G. Selchow & Co., who also publish 'Parchesi' in four styles, so that all pockets may be suited; and 'Table Croquet.' with a general line of card games, by E. J. Horsman"). Parchesi, a su vez, del hindi pachisi, como 'veinticinco, refiriéndose al lanzamiento más alto posible (de las conchas de cauri)'; y, en última instancia, del sánscrito pañcaviṃśati (véase OED, s. v. pachisi). Cf., no obstante, con el DLE (s. v. parchís), donde se indica que parchís proviene directamente del hindi.
Resumen

Se documenta por primera vez, con la acepción 'juego de mesa en el que cada jugador debe hacer avanzar, según el número que determinan uno o dos dados, cuatro fichas de un mismo color por un tablero hasta llegar a una casilla central', en 1924, en el artículo "Arte y artistas. Amparo Saus", de J. Vulgar, publicado en El Cantábrico (Santander), y se consigna por vez primera en el DRAE de 1970. Tras un proceso de metonimia se registra como 'tablero donde se juega al parchís' en 1928, en "Los bailes de Carnaval", incluido en el Heraldo de Castellón, consignada por vez primera en el DEA (1999), de Seco, Andrés y Ramos. Este término es una adaptación gráfica de la voz inglesa parchesi, variante, a su vez, de pachisi, si bien combina su uso con la variante sin tilde, parchis. Aunque su uso es más extendido como parchís, se recoge su alternancia con parchesi, voz que apareció inicialmente en España.

  1. ac. etim.
    s. m. Juego de mesa en el que cada jugador debe hacer avanzar, según el número que determinan uno o dos dados, cuatro fichas de un mismo color por un tablero hasta llegar a una casilla central.
    Sinónimos: ludo; parchesi
    docs. (1924-2022) 28 ejemplos:
    • 1924 Vulgar, J. "Arte artistas. Amparo Saus" [20-12-1924] El Cantábrico (Santander) Esp (HD)
      De pronto se para. Luego vuelca un pequeño cubilete, caen unos dados, examina uno de ellos y exclama: ¡Cuatro! De nuevo vuelve á su cabalístico paseo por el cartón de las rayas misteriosas, se detiene ante un cuadrito en que hay unas minúsculas fichas redondas de cartón y recogiendo una moneda de plata dice: gané, y se la guarda. Suena un timbre. La artista sale corriendo á escena, y poco á poco, la siguen los demás. —¿Qué es esto —le pregunto á Díaz, que sale el último. —"Er parchís". —¿Cómo? —Er parchís, "home", "er parchís". —Ah, vamos, algo que ha aprendido usted de los gitanos... —Ni gitanos, ni ná. Es un juego valenciano que nos cuesta las pesetas. —¿Le juegan ustedes mucho? —Todos los días que Amparo no trabaja, y hasta algunos, como éste, en que no "hace" más que un acto. Con su andar firme y resuelto, que denota voluntad, firmeza y decisión, sube Amparo Saus la escalera y atraviesa rápida el pasillo.
    • 2022 Díez, L. M. Delitos animal compañía Esp (CORPES)
      —No fui a oírte, tontolaba. Nunca me distraje con esas bagatelas en las que los listos se pasan de tales, mientras los tontos les ríen las gracias. Este oficio no permite otras expansiones que la vigilancia y el orden público. Aquí no nos la cogemos con papel de fumar. Ahora te pones los pantalones y aclaras el curso de tus enfermedades, con preponderancia de las contagiosas, que son las que atañen a la policía higiénica. Estaba confuso. Me habían quitado el cinturón y con la hebilla me hice un lío. Los guardias jugaban al parchís y fue uno de ellos, que luego me enteré de que era ahijado del lugarteniente, el que me indicó la silla en que debía sentarme para hacer la deposición, sabiendo que en mi condición de estreñido no iba a tener muchas posibilidades.
    • 1924 Vulgar, J. "Arte artistas. Amparo Saus" [20-12-1924] El Cantábrico (Santander) Esp (HD)
      De pronto se para. Luego vuelca un pequeño cubilete, caen unos dados, examina uno de ellos y exclama: ¡Cuatro! De nuevo vuelve á su cabalístico paseo por el cartón de las rayas misteriosas, se detiene ante un cuadrito en que hay unas minúsculas fichas redondas de cartón y recogiendo una moneda de plata dice: gané, y se la guarda. Suena un timbre. La artista sale corriendo á escena, y poco á poco, la siguen los demás. —¿Qué es esto —le pregunto á Díaz, que sale el último. —"Er parchís". —¿Cómo? —Er parchís, "home", "er parchís". —Ah, vamos, algo que ha aprendido usted de los gitanos... —Ni gitanos, ni ná. Es un juego valenciano que nos cuesta las pesetas. —¿Le juegan ustedes mucho? —Todos los días que Amparo no trabaja, y hasta algunos, como éste, en que no "hace" más que un acto. Con su andar firme y resuelto, que denota voluntad, firmeza y decisión, sube Amparo Saus la escalera y atraviesa rápida el pasillo.
    • 1952 Díaz-Cañabate, A. HTertulia [1978] Esp (CDH )

      José María dice que va a escribir un ensayo sobre este su vicio, titulado: «El esclavo de su siesta». Don Eugenio d'Ors habla de un juego, el «jaquet», al que es aficionado, y lo describe. José María comenta:

      — Ah, sí, es parecido a un juego que se jugaba mucho en Santander, el parchís.

      Grandes carcajadas acogen esta declaración.

      — Acaba de descubrir el Mediterráneo José María —vocifera Emilio—, porque el parchís o parchesi se juega en toda España desde hace diez años sin interrupción. En el Madrid rojo era uno de los calmantes más eficaces.

    • 1972 García Hortelano, J. Mary Tribune [1999] Esp (CDH )

      — ¡Hombre!, ¿estás tú aquí?

      Ambas se levantaron de las sillas.

      — Pues, sí, señorito. Que subí con la Mercedes, cuando ella le subió a usted el periódico.

      — ¿No hay partidita de parchís?

      Ni de bridge tampoco, a juzgar por el graznido mascullado de Merceditas.

      — Se nos han ido las horas con lo del robo de la joyería. ¿Se ha enterado usted que le han limpiado a don Carmelo los estantes?

    • 1986 García Ramis, M. Felices días [1995] 103 PR (CDH )

      Años después el gobierno haría ahí el Parque de las Palomas, y todos podríamos entrar, pero no sería misterioso ni prohibido, y por ende, no sería atractivo para nosotros.

      Estuve mirando por las rejas un rato, y luego volví a casa con mi cargamento de libritos históricos. Los días habían estado aburridos, pero soportables. Tío Sergio había jugado con Mami y conmigo parchis. Un día jugamos 28 juegos corridos, hasta nos pasamos la hora de comida, pero no importaba. Como ni Mamá Sara ni Tía Ele estaban, y ellas eran las que daban el compás de normalidad a nuestra casa, no tuvimos que detenemos para cenar sino que jugamos hasta entrada la noche.

    • 1997 Prensa Listín Diario, 07/05/1997 [1997] RD (CDH )

      En el salón Mariposa del Crucero Seaward se respira tranquilidad. Sus paredes, colmadas de cuadros repletos de mariposas de vivos colores, le confieren al ambiente un aire sobrio y tropical a la vez

      Este salón está destinado exclusivamente a los juegos de mesa.

      En él se encuentra un estante con cartas y juegos de dominó, parchís, ajedrez y otros igualmente divertidos.

      Tras observar la maravillosa vista al mar que desde allí se alcanza a ver, nos dirigimos al Oscar's Lounge, un elegante piano bar con excelentes atracciones nocturnas y donde se realizan importantes subastas de obras de arte, originales y copias, de famosos artistas internacionales.

    • 2002 Parrondo, J. Maldito seas Roque Waterfall Esp (CORPES)
      Esa noche, y antes de dormirse, Roque se quedó meditando en la cama. Aunque no era fácilmente influenciable, las palabras de Felipa De Sotogrande sobre el matrimonio y las de Larson Douglas en lo referente a los hijos le hicieron poner en duda su estilo de vida. ¿Y si tal vez había llegado el momento de encontrar a una buena mujer a la que convertir en su esposa, comprar una casa en las afueras e incluso jugar al parchís con los vecinos los sábados por la noche?
    • 2018 Marqués, D. / Fesser, J. Campeones Esp (CORPES)
      Fabián no es tan independiente. Vive en una casa tutelada. Por las mañanas acude a un taller de jardinería. Le habla a las plantas. Pero no cosas cariñosas ni nada de eso, las regaña. Una vez le echó tal bronca a un geranio que por lo visto se secó. —Fabián juega al parchís con otros compañeros de piso acompañados de un tutor. —Fabián en el taller de jardinería regañando a unas lechugas muy disgustado. —JESÚS, con bata azul, arregla un coche en un taller mecánico.
    • 2022 Díez, L. M. Delitos animal compañía Esp (CORPES)
      —No fui a oírte, tontolaba. Nunca me distraje con esas bagatelas en las que los listos se pasan de tales, mientras los tontos les ríen las gracias. Este oficio no permite otras expansiones que la vigilancia y el orden público. Aquí no nos la cogemos con papel de fumar. Ahora te pones los pantalones y aclaras el curso de tus enfermedades, con preponderancia de las contagiosas, que son las que atañen a la policía higiénica. Estaba confuso. Me habían quitado el cinturón y con la hebilla me hice un lío. Los guardias jugaban al parchís y fue uno de ellos, que luego me enteré de que era ahijado del lugarteniente, el que me indicó la silla en que debía sentarme para hacer la deposición, sabiendo que en mi condición de estreñido no iba a tener muchas posibilidades.
    • 1924 Vulgar, J. "Arte artistas. Amparo Saus" [20-12-1924] El Cantábrico (Santander) Esp (HD)
      De pronto se para. Luego vuelca un pequeño cubilete, caen unos dados, examina uno de ellos y exclama: ¡Cuatro! De nuevo vuelve á su cabalístico paseo por el cartón de las rayas misteriosas, se detiene ante un cuadrito en que hay unas minúsculas fichas redondas de cartón y recogiendo una moneda de plata dice: gané, y se la guarda. Suena un timbre. La artista sale corriendo á escena, y poco á poco, la siguen los demás. —¿Qué es esto —le pregunto á Díaz, que sale el último. —"Er parchís". —¿Cómo? —Er parchís, "home", "er parchís". —Ah, vamos, algo que ha aprendido usted de los gitanos... —Ni gitanos, ni ná. Es un juego valenciano que nos cuesta las pesetas. —¿Le juegan ustedes mucho? —Todos los días que Amparo no trabaja, y hasta algunos, como éste, en que no "hace" más que un acto. Con su andar firme y resuelto, que denota voluntad, firmeza y decisión, sube Amparo Saus la escalera y atraviesa rápida el pasillo.
    • 1926 Anónimo "Pinceladas. Juegos" [30-10-1926] Heraldo de Castellón (Castellón) Esp (HD)
      "El parchis" (no respondo de la ortografía ni de la pronunciación, pués se trata de un juego ingles) ¿No lo conocen ustedes? Pues es sencillamente el juego de la oca, que todos habrán jugado en su infancia, con ligeras variantes y que puede adquirir mucho interés... interesando en él grandes cantidades. ¿Que todos estos juegos son inocentes? ¡Qué duda cabe! Pero aún lo es mas el que juega a la Lotería.
    • 1936 Carranque Ríos, A. Cinematógrafo p. 245 Esp (BD)
      —He perdido ese empleo —confirmó Alvaro, disimulando con un gesto de falsa tranquilidad su apurada situación—. Pero me han hablado de otra cosa mejor. Ya le contaré a usted. Esto sucedió por la noche. Alvaro entró en su cuarto. No había cenado, y cuando ya estaba sobre la cama, empezó a escuchar los ruidos que producían los huéspedes jugando al "Parchís". Al caer los dados sobre el cristal, el chasquido entraba en su habitación. A cada instante se oía gritar a uno de los jugadores. A veces eran dos o tres los que gritaban a un mismo tiempo. Una solución era levantarse, encender la luz y ponerse a leer hasta que terminaran de jugar en el comedor. Pero la patrona se hallaba entre los huéspedes. En cuanto ella se diera por enterada de que la bombilla estaba consumiendo corriente, se escucharían sus palabras de enfado.
    • 1947 Gironella, J. M. Hombre p. 346 Esp (BD)
      Fué hacia la fonda. La tienda estaba llena de mujeres que compraban café, galletas, colonia, champú y lejía. Todavía encontró en el comedor a los guardias, que jugaban al parchís. Como la cena no estaba a punto, le invitaron a jugar para completar el "cuarteto".
    • 1952 Díaz-Cañabate, A. HTertulia [1978] Esp (CDH )

      José María dice que va a escribir un ensayo sobre este su vicio, titulado: «El esclavo de su siesta». Don Eugenio d'Ors habla de un juego, el «jaquet», al que es aficionado, y lo describe. José María comenta:

      — Ah, sí, es parecido a un juego que se jugaba mucho en Santander, el parchís.

      Grandes carcajadas acogen esta declaración.

      — Acaba de descubrir el Mediterráneo José María —vocifera Emilio—, porque el parchís o parchesi se juega en toda España desde hace diez años sin interrupción. En el Madrid rojo era uno de los calmantes más eficaces.

    • 1956 Schz Ferlosio, R. Jarama [1994] Esp (CDH )

      —¡Ajay!, las que tiene con la suya mi vecino por esa misma cosa! —reía el alcarreño—. Él, que es un poco rumboso demás y que le gusta de aquí —hizo signo con el pulgar hacia la boca—, y ella que hasta la sal yo creo que la tiene contada los granitos; pues no quieran ustedes saber cada trifulca que tienen. Me arman cada trifulca por las noches, que ni Corea. ¿Dónde se queda Corea? ¡Corea es una partida de parchís! ¡Y amistosa!

      —¡Mira éste! ¿Y tú también eres radioescucha?

      —¿Éste? —dijo el pastor—. De eso no sabe usted nada. Éste siempre el oído bien pegadito a la pared.

    • 1965 García Pavón, F. Liberales [1965] Esp (CDH )

      Llegó la guerra, marcharon las monjas, pusieron enfermeras, y el hospital ya no era para ancianitos desamparados, sino para heridos. Y mamá pensó que nos debíamos traer a casa a la tía Josefica. Y un domingo por la mañana fuimos a por ella en el carrillo de doña Nati.

      Pero al llegar, una enfermera que salió a nuestro encuentro, movió la cabeza con aire triste.

      Por los pasillos del hospital había ahora soldados enfermos y heridos jugando al parchís y fumando. Al contrario de antes, había mucho ruido. La hermana Josefica estaba en su cama de siempre. En las otras había soldados. Muy pálida, con los labios amarillos y las manos esqueléticas sobre el bozo, respiraba con mucha fatiga.

    • 1970 RAE DRAE (19.ª ed.) (NTLLE)
      parchís. [...] m. Juego que se practica en un tablero con cuatro salidas en el que cada jugador, provisto de cuatro fichas del mismo color, trata de hacerlas llegar a la casilla central. El número de casillas que se ha de recorrer en cada jugada se determina tirando un dado.
    • 1972 García Hortelano, J. Mary Tribune [1999] 509 Esp (CDH )
      Que se sentasen, que el señorito no pretendía interrumpir la partida. El señorito no interrumpía nunca. Telefónicamente, solicité a la señita Mary. Mary, resbalándole la lengua en las nasales y dispersando las fricativas, silabeó su deseo de persistir en la felicidad de la brisa. La voz de Bert se asomó a recomendarme que no fuese pesado. Ligero, retorné al office y, como ellas permanecían en pie, si yo no me sentaba, me senté en medio y de mirón, ya que el parchís no era vicio que se encontrase dispuesto el señorito a incorporar a sus placeres. Encarna, en su vestido de rombos blancos y rojos —como el papel de los vasares de las cocinas de mi infancia—, se diferenciaba de la ensoñación por la rotundidad de la presencia.
    • 1972 García Hortelano, J. Mary Tribune [1999] Esp (CDH )

      — ¡Hombre!, ¿estás tú aquí?

      Ambas se levantaron de las sillas.

      — Pues, sí, señorito. Que subí con la Mercedes, cuando ella le subió a usted el periódico.

      — ¿No hay partidita de parchís?

      Ni de bridge tampoco, a juzgar por el graznido mascullado de Merceditas.

      — Se nos han ido las horas con lo del robo de la joyería. ¿Se ha enterado usted que le han limpiado a don Carmelo los estantes?

    • 1972 García Hortelano, J. Mary Tribune [1999] Esp (CDH )
      Sus mejillas en mis manos, nos miramos largamente y en sus ojos —más grandes que los recordaba— se derrumbaban las tardes de parchís y amor, las portentosas ensoñaciones de la frustración, ardían las sonrisas burlonas de Satur y Carlitos y se alzaban de las cenizas las caricias sistematizadas, la estabilidad, los vínculos. Pero, con una ternura de oscuro origen, semejante a esas tristezas sin causa y que cualquier motivo las justifica, besé a Mary.
    • 1972 Zamora Vicente, A. Traque barraque [1972] 240 Esp (CDH )
      El profesor se confesó, eso sí, muy ruboroso, en seguida se nota que es muy modesto y que no le gusta exaltar sus méritos, se confesó, te decía, gran jugador de oca, de parchís, y aficionado a las lentejas. Son muy ferruginosas. Ya te supones el estremecimiento de placer, un verdadero oleaje de aaaaes y ooooes admirativas, ante las mimosas inflexiones del doctor cuando decía De oca a oca y me toca, o aquello, tan emotivo, De seis a seis y tiro otra vez. Hubo gritos, paroxismos, desmayos, entusiasmo demoledor.
    • 1985 RAE DMILE (3.ª ed.) [01-01-1985] (NTLLE)
      parchís. m. Juego de tablero con cuatro salidas en el que cada jugador, provisto de cuatro fichas del mismo color, trata de hacerlas llegar a la casilla central. El número de casillas que se avanzan en cada jugada se determina tirando un dado.
    • 1986 Cabrera Infante, G. Habana [1993] 33 Cu (CDH )
      Luego Fela no me dejó hacerlo. Fue después de la escuela, jugando parchís con Ester, con Fela y con Emilia que ocurrió el primer incidente perturbador, uno de una serie que hizo deleble mi impronta. El parchís estaba en una mesa pequeña (no había en el cuarto lugar para un mueble más grande y seguramente comían sobre ella) y el juego estaba en lo más intrincado de fichas y de dados, con todas las casillas ocupadas, cuando sentí que me tocaban entre las piernas y no fue un toque casual porque el miembro buscaba mi miembro. Miré a Ester, que estaba a mi lado, luego a Emilia que, estaba al otro lado, las dos muy metidas en el parchís para pensar en otro juego.
    • 1986 García Ramis, M. Felices días [1995] PR (CDH )

      El se aprendió el diccioinario simio-español y nos mandaba notitas de vez en cuando. A veces nos acompañaba con Mami a caminar hasta la playa del otro lado del Fuerte San Gerónimo, y de vuelta a casa, antes de ver televisión, jugaba con nosotros parchiso con Andrés ajedrez. Poco a poco convenció a Mamá de que nos dejara libres después de media hora de hacer asignaciones porque él nos iba a dar clases de historia de arte, y ella accedió aunque creo que no entendió de que se trataba.

    • 1986 García Ramis, M. Felices días [1995] 103 PR (CDH )

      Años después el gobierno haría ahí el Parque de las Palomas, y todos podríamos entrar, pero no sería misterioso ni prohibido, y por ende, no sería atractivo para nosotros.

      Estuve mirando por las rejas un rato, y luego volví a casa con mi cargamento de libritos históricos. Los días habían estado aburridos, pero soportables. Tío Sergio había jugado con Mami y conmigo parchis. Un día jugamos 28 juegos corridos, hasta nos pasamos la hora de comida, pero no importaba. Como ni Mamá Sara ni Tía Ele estaban, y ellas eran las que daban el compás de normalidad a nuestra casa, no tuvimos que detenemos para cenar sino que jugamos hasta entrada la noche.

    • 1988 Millás, J. J. Desorden [1994] Esp (CDH )

      El salón tenía forma de hache y en cada uno de sus numerosos rincones había un gran sofá de piel y una mesa de cristal de estructura dorada. Por las paredes había numerosas ventanas, colmillos de elefante, pieles de diferentes animales e instrumentos musicales, la mayoría de ellos desconocidos para Julio. Una mujer y un joven de quince o dieciséis años jugaban al parchís sobre una alfombra persa situada en el centro de la hache. La mujer era rubia, de ojos pequeños y brillantes. Estaba cerca de los cuarenta años, pero la madurez había trabajado sus formas con paciencia y esmero. La nariz era justa y la boca ligeramente desmesurada, como si hubiera sido hecha para la risa.

    • 1988 Millás, J. J. Desorden [1994] Esp (CDH )

      Cuando se incorporó, Julio advirtió que bajo sus ceñidos pantalones no había tampoco ninguna marca de ropa interior.

      — Mi mujer y el hijo de mi mujer —dijo Ricardo Mella señalándolos—. Este señor tan importante es Julio Orgaz. Edita libros buenos a precios caros. Fuimos compañeros de estudios. Y de otras cosas.

      — ¿Queréis jugar al parchís? —preguntó la mujer.

      — Venga, sí, por parejas —dijo Ricardo Mella—; tú con mi amigo y yo con tu hijo.

      A Julio le excitó la idea de entrar en relación con esa mujer, pero le apetecía un whisky que nadie le ofreció. El joven tenía a su lado una Coca-Cola.

    • 1988 Millás, J. J. Desorden [1994] Esp (CDH )

      Llegaron a lo que debía ser la cocina, aunque parecía un quirófano, donde Ricardo Mella abrió un armario del que extrajo unos sobres pequeños. Dijo:

      — Se pasan el día jugando al parchís. Vamos a esnifar un poco. Mira, coca pura, traída de Colombia.

      Julio siguió las instrucciones de su amigo y contuvo la tentación de un estornudo cuando los polvos atravesaron su nariz.

      — Me gusta mucho tu mujer —dijo de manera imparcial, como si repitiera un juicio de otro.

    • 1989 Landero, L. Juegos [1993] Esp (CDH )

      Cuando Gregorio tardaba en proponer la letra, la madre, impaciente, exclamaba: «¡Vamos, Gregorio, dé ya la letra de una vez!».

      También jugaban al parchís. Angelina, tan aflojada en sus gestos por el pudor y la continencia, carente de estudios pero dotada por herencia de ese compendio cultural que es la buena educación, la sabiduría de los hábitos y el magisterio en el decoro y la suspicacia, desplegaba una actividad infantil. Agitaba ferozmente la cuba, contaba los pasos a velocidad de vértigo, comía sin piedad y casi siempre ganaba.

    • 1989 Landero, L. Juegos [1993] Esp (CDH )
      La madre intervenía con lánguido despego, pero con frecuencia los avatares del juego la enardecían, y si le iba mal gritaba y deshacía la partida con el pretexto de que le hacían trampas o se habían trabucado las bazas o los jóvenes de hoy desconocían las verdaderas reglas del parchís. Si no jugaba, se limitaba a vigilar y a intercalar, por cualquier motivo, anécdotas y recuerdos de un pasado feliz. Así que Gregorio atendía a ambos frentes, y aunque al principio actuaba como un caballero, y en un alarde de cortesía se dejaba comer o fingía distracción ante una buena jugada, dejando ver así que sus inquietudes exigían de escenarios más ambiciosos, reales y viriles, con el tiempo también jugó fuerte, sin conceder al adversario la más leve ventaja.
    • 1989 Landero, L. Juegos [1993] 165 Esp (CDH )

      Y así estuvo un rato, y así podía haber seguido indefinidamente, pues la distancia era regulable de tal modo que si bajaba o ladeaba la cabeza la oscurecía con el sombrero, y si enfilaba la escena con un reojo oblicuo la alejaba hasta convertirla en miniatura, y era como estar en un seguro de parchís o en la remota intimidad de una isleta.

      Al fin se caló un poco más el sombrero, encendió la luz y dio unas vueltas de lucimiento. Angelina lo miraba boquiabierta y a punto de llorar, pero antes de que pudiera decir algo, Gregorio se paró frente a ella y habló por primera vez desde Año Nuevo:

      — Me está grande —y se quedó mirando desde sus gafas negras, entre solapas y velado por la umbría del sombrero—.

    • 1991 Grande, F. Fábula [1991] Esp (CDH )

      [...] y durante un tiempo, no menor de tres días, el Batallón citado pudo efectuar su trabajo con cierto sosiego, apenas interrumpido aquí y allá por querella o motín sin consecuencias graves en exceso, lo que hizo confiar a Jefatura en la obtención de recursos económicos con que paliar la anemia de las arcas del Estado, casi arruinadas ya a causa de las cuantiosas compras de las máscaras antigás, juegos de trivialy parchises, obras de poetas clásicos y otros gastos más atrás reseñados; pero he aquí que los multados negáronse a colaborar con Jefatura en el propósito de esquivar o postergar la ruina nacional, esto es, que se negaron a pagar las multas, y cuando Jefatura ordenó que fueren intervenidas las cuentas bancarias de los infractores [...].

    • 1997 Prensa Listín Diario, 07/05/1997 [1997] RD (CDH )

      En el salón Mariposa del Crucero Seaward se respira tranquilidad. Sus paredes, colmadas de cuadros repletos de mariposas de vivos colores, le confieren al ambiente un aire sobrio y tropical a la vez

      Este salón está destinado exclusivamente a los juegos de mesa.

      En él se encuentra un estante con cartas y juegos de dominó, parchís, ajedrez y otros igualmente divertidos.

      Tras observar la maravillosa vista al mar que desde allí se alcanza a ver, nos dirigimos al Oscar's Lounge, un elegante piano bar con excelentes atracciones nocturnas y donde se realizan importantes subastas de obras de arte, originales y copias, de famosos artistas internacionales.

    • 2002 Parrondo, J. Maldito seas Roque Waterfall Esp (CORPES)
      Esa noche, y antes de dormirse, Roque se quedó meditando en la cama. Aunque no era fácilmente influenciable, las palabras de Felipa De Sotogrande sobre el matrimonio y las de Larson Douglas en lo referente a los hijos le hicieron poner en duda su estilo de vida. ¿Y si tal vez había llegado el momento de encontrar a una buena mujer a la que convertir en su esposa, comprar una casa en las afueras e incluso jugar al parchís con los vecinos los sábados por la noche?
    • 2014 RAE DLE (NTLLE)
      parchís. [...] m. Juego de mesa que se practica en un tablero con cuatro salidas y con casillas numeradas, en el que cada jugador trata de hacer llegar sus cuatro fichas, avanzando según determina el dado, a la casilla central, y gana el primero que lo consigue.
    • 2018 Marqués, D. / Fesser, J. Campeones Esp (CORPES)
      Fabián no es tan independiente. Vive en una casa tutelada. Por las mañanas acude a un taller de jardinería. Le habla a las plantas. Pero no cosas cariñosas ni nada de eso, las regaña. Una vez le echó tal bronca a un geranio que por lo visto se secó. —Fabián juega al parchís con otros compañeros de piso acompañados de un tutor. —Fabián en el taller de jardinería regañando a unas lechugas muy disgustado. —JESÚS, con bata azul, arregla un coche en un taller mecánico.
    • 2022 Díez, L. M. Delitos animal compañía Esp (CORPES)
      —No fui a oírte, tontolaba. Nunca me distraje con esas bagatelas en las que los listos se pasan de tales, mientras los tontos les ríen las gracias. Este oficio no permite otras expansiones que la vigilancia y el orden público. Aquí no nos la cogemos con papel de fumar. Ahora te pones los pantalones y aclaras el curso de tus enfermedades, con preponderancia de las contagiosas, que son las que atañen a la policía higiénica. Estaba confuso. Me habían quitado el cinturón y con la hebilla me hice un lío. Los guardias jugaban al parchís y fue uno de ellos, que luego me enteré de que era ahijado del lugarteniente, el que me indicó la silla en que debía sentarme para hacer la deposición, sabiendo que en mi condición de estreñido no iba a tener muchas posibilidades.
  2. 1⟶metonimia
    s. m. Tablero donde se juega al parchís.
    Sinónimo: parchesi
    docs. (1928-2016) 9 ejemplos:
    • 1928 Anónimo "Bailes Carnaval" [18-02-1928] Heraldo de Castellón (Castellón) Esp (HD)
      Últimamente se han recibido estos regalos: De La Senyera, un bolso para señora. Un espejo de plata, del Colegio de Médicos. Bolso de pieles para señora, del Círculo Mercantil. Una artística ánfora de plata del Excmo. señor gobernador civil, don José Castelló Madrid. Una ánfora de cristal, de don Luis Colomina. Un juego de cucharas para refrescos, del Empresario del teatro Principal, don Enrique Delfont. Dos mantequeras de la ferretería "El León". Un espejo de la sociedad Caza y Pesca. Un precioso "parchís" de Soledad Alburquerque (Papelería Franco Española). Dos bomboneras de la ferretería de don Joaquín Dolz. Plato repujado de plata del Excmo. Ayuntamiento de Castellón.
    • 2016 Remón, P. 40 años paz Esp (CORPES)
      Natalia.— ¿Cuándo viene el abogado? Ricardo.— Mañana por la mañana. Natalia.— ¿Y tú qué vas a hacer, Ángel? ¿Te vienes conmigo a Madrid? Ángel.— A Madrid, sí. Prefiero ir a Madrid. Natalia se recuesta y nota algo que hay detrás de ella, entre el montón de basura. Es un parchís con las caras de ellos tres, de niños, y de su madre. Lo coge. Los hermanos lo ven. Natalia.— El parchís personalizado. Con nuestras caras. Nos lo regalaron unas Navidades.
    • 1928 Anónimo "Bailes Carnaval" [18-02-1928] Heraldo de Castellón (Castellón) Esp (HD)
      Últimamente se han recibido estos regalos: De La Senyera, un bolso para señora. Un espejo de plata, del Colegio de Médicos. Bolso de pieles para señora, del Círculo Mercantil. Una artística ánfora de plata del Excmo. señor gobernador civil, don José Castelló Madrid. Una ánfora de cristal, de don Luis Colomina. Un juego de cucharas para refrescos, del Empresario del teatro Principal, don Enrique Delfont. Dos mantequeras de la ferretería "El León". Un espejo de la sociedad Caza y Pesca. Un precioso "parchís" de Soledad Alburquerque (Papelería Franco Española). Dos bomboneras de la ferretería de don Joaquín Dolz. Plato repujado de plata del Excmo. Ayuntamiento de Castellón.
    • 1951-1969 Cela, C. J. Colmena [1986] Esp (CDH )

      Doña Celia cortó un poco el gas, para que el café no llegara a cocer, y se presentó presurosa, recogiéndose el mandil a la espalda y secándose las manos con la bata.

      — ¿Llamaba usted, señor Aguado?

      — Sí, ¿me presta usted el parchís?

      Doña Celia cogió el parchís del trinchero del comedor, se lo pasó a los novios y se puso a cavilar. A doña Celia le da pena, y también cierto temblor al bolsillo, el pensar que el cariño de los tortolitos puede ir cuesta abajo, que las cosas puedan empezar a marchar mal.

    • 1985 Prensa El País, 01/04/1985 [1985] Esp (CDH )

      Un mediodía, ya digo, de domingo, de padres y de perros. Blanca Marsillach se sienta en el suelo. Mi máquina de escribir, mi valentineroja está de pie en la mesa, interrumpida. Blanca ha visto un parchís y quiere jugar al parchís. "Luego, mujer". Es una criatura rápida, de 18 años, sólida y delicada, de belleza casi adusta, que de pronto se hace soluble en su risa de niña, inesperada y entregada. Es la adolescente/testigo de quien nunca sabemos, los maduros, si nos está juzgando con ironiao —ay—, lo que aún sería peor, con condescendencia. Durante el almuerzo me alarga un cuchillo: — ¿Es para que te mate, amor? Pero es el cuchillo de los quesos.

    • 1986 Cabrera Infante, G. Habana [1993] 33 Cu (CDH )
      Cuando regresé a la cuartería iba a contarle a Ester esta hazaña amatoria, pero estaba su padre, de ogro obicuo. Luego Fela no me dejó hacerlo. Fue después de la escuela, jugando parchís con Ester, con Fela y con Emilia que ocurrió el primer incidente perturbador, uno de una serie que hizo deleble mi impronta. El parchís estaba en una mesa pequeña (no había en el cuarto lugar para un mueble más grande y seguramente comían sobre ella) y el juego estaba en lo más intrincado de fichas y de dados, con todas las casillas ocupadas, cuando sentí que me tocaban entre las piernas y no fue un toque casual porque el miembro buscaba mi miembro.
    • 1987 Pedrero, P. Besos lobo [1987] Esp (CDH )

      LUCIANOUn carnero.

      ANA¿Un carnero? Uf, menos mal. Qué susto me habías dado. (Se oyen ruidos afuera)¡Mi padre! Enciende, corre, mi padre. (ANA coloca un parchís encima de la mesa y ambos se ponen a jugar precipitadamente)

      (Entra AGUSTIN, con una botella de vino en la mano)

      AGUSTIN¿Qué pasa? ¿Todavía aquí liaos? (A LUCIANO)Pues tu madre te anda buscando.

    • 2005 Sánchez, P. Caja negra Esp (CORPES)
      2000: Nuevo avatar de mi humillación: acepto una oferta para dar clases de literatura ni más ni menos que en México, un país lleno de homosexuales reprimidos que se disfrazan de charros para marcar paquete y en el que la clase política parece dominada por clones guadalupanos de Fraga Iribarne o Aznar. Por fin vivo de la literatura, es cierto. Y nada mal, a pesar de tanta gastritis. Pero no es lo mismo. Por otro lado, el exilio, en mi caso bastante cómodo, me aporta algunos beneficios sentimentales: la disección de la nostalgia, la desfamiliarización del tiempo, la ruptura con la presencia. Pero siempre hay muerte. La mía se deja entrever, se disfraza de hipocondría para bromear un poco, se acuesta conmigo, mira el reloj y sonríe. Busco el tablero de ajedrez de El séptimo sello y sólo encuentro el parchís sucio de mi infancia. 2001: Regreso a España con la esperanza (absurda) de encontrar trabajo en alguna universidad sin tener que ser sodomizado, real o metafóricamente. Todo cambia de manera inesperada; conozco por casualidad a Héctor Ugarte, que lee el manuscrito de mi novela y consigue algo increíble: que lo publique la editorial Maldoror.
    • 2012 Montes, J. Vida Hotel Esp (CORPES)
      Vi todo aquello de pasada, siguiendo casi a la carrera la silla de mi guía. Justo al otro lado de la puerta de salida, sin embargo, alguien había intentado hacer habitable y hasta acogedora una sala sin ventanas. La amueblaban sofás desfondados, mesas cojas y sillas vacilantes que debían de haber sobrevivido a varias eras sucesivas de la decoración del hotel. Un cartel que felicitaba el 2001, un espumillón venenoso, ajedreces, damas, parchises y ocas con sus cubiletes y sus dados, unos pósters de cascadas alpinas daban a todo aquello un aire desconsolador de tentativa doméstica. En un rótulo de colores se leía «Sala de recreo». Olía igual que el cuarto de máquinas. El crítico se volvió y nos miramos. —¿Qué te parece? Hice un esfuerzo por sonreír que compensara mi incapacidad para decir nada.
    • 2016 Remón, P. 40 años paz Esp (CORPES)
      Natalia.— ¿Cuándo viene el abogado? Ricardo.— Mañana por la mañana. Natalia.— ¿Y tú qué vas a hacer, Ángel? ¿Te vienes conmigo a Madrid? Ángel.— A Madrid, sí. Prefiero ir a Madrid. Natalia se recuesta y nota algo que hay detrás de ella, entre el montón de basura. Es un parchís con las caras de ellos tres, de niños, y de su madre. Lo coge. Los hermanos lo ven. Natalia.— El parchís personalizado. Con nuestras caras. Nos lo regalaron unas Navidades.
    • 1928 Anónimo "Bailes Carnaval" [18-02-1928] Heraldo de Castellón (Castellón) Esp (HD)
      Últimamente se han recibido estos regalos: De La Senyera, un bolso para señora. Un espejo de plata, del Colegio de Médicos. Bolso de pieles para señora, del Círculo Mercantil. Una artística ánfora de plata del Excmo. señor gobernador civil, don José Castelló Madrid. Una ánfora de cristal, de don Luis Colomina. Un juego de cucharas para refrescos, del Empresario del teatro Principal, don Enrique Delfont. Dos mantequeras de la ferretería "El León". Un espejo de la sociedad Caza y Pesca. Un precioso "parchís" de Soledad Alburquerque (Papelería Franco Española). Dos bomboneras de la ferretería de don Joaquín Dolz. Plato repujado de plata del Excmo. Ayuntamiento de Castellón.
    • 1951-1969 Cela, C. J. Colmena [1986] Esp (CDH )

      Doña Celia cortó un poco el gas, para que el café no llegara a cocer, y se presentó presurosa, recogiéndose el mandil a la espalda y secándose las manos con la bata.

      — ¿Llamaba usted, señor Aguado?

      — Sí, ¿me presta usted el parchís?

      Doña Celia cogió el parchís del trinchero del comedor, se lo pasó a los novios y se puso a cavilar. A doña Celia le da pena, y también cierto temblor al bolsillo, el pensar que el cariño de los tortolitos puede ir cuesta abajo, que las cosas puedan empezar a marchar mal.

    • 1985 Prensa El País, 01/04/1985 [1985] Esp (CDH )

      Un mediodía, ya digo, de domingo, de padres y de perros. Blanca Marsillach se sienta en el suelo. Mi máquina de escribir, mi valentineroja está de pie en la mesa, interrumpida. Blanca ha visto un parchís y quiere jugar al parchís. "Luego, mujer". Es una criatura rápida, de 18 años, sólida y delicada, de belleza casi adusta, que de pronto se hace soluble en su risa de niña, inesperada y entregada. Es la adolescente/testigo de quien nunca sabemos, los maduros, si nos está juzgando con ironiao —ay—, lo que aún sería peor, con condescendencia. Durante el almuerzo me alarga un cuchillo: — ¿Es para que te mate, amor? Pero es el cuchillo de los quesos.

    • 1986 Cabrera Infante, G. Habana [1993] 33 Cu (CDH )
      Cuando regresé a la cuartería iba a contarle a Ester esta hazaña amatoria, pero estaba su padre, de ogro obicuo. Luego Fela no me dejó hacerlo. Fue después de la escuela, jugando parchís con Ester, con Fela y con Emilia que ocurrió el primer incidente perturbador, uno de una serie que hizo deleble mi impronta. El parchís estaba en una mesa pequeña (no había en el cuarto lugar para un mueble más grande y seguramente comían sobre ella) y el juego estaba en lo más intrincado de fichas y de dados, con todas las casillas ocupadas, cuando sentí que me tocaban entre las piernas y no fue un toque casual porque el miembro buscaba mi miembro.
    • 1987 Pedrero, P. Besos lobo [1987] Esp (CDH )

      LUCIANOUn carnero.

      ANA¿Un carnero? Uf, menos mal. Qué susto me habías dado. (Se oyen ruidos afuera)¡Mi padre! Enciende, corre, mi padre. (ANA coloca un parchís encima de la mesa y ambos se ponen a jugar precipitadamente)

      (Entra AGUSTIN, con una botella de vino en la mano)

      AGUSTIN¿Qué pasa? ¿Todavía aquí liaos? (A LUCIANO)Pues tu madre te anda buscando.

    • 1999 Seco, M. / Andrés, O. / Ramos, G. DEA Esp (BD)
      parchís m [...] Tb el mismo tablero.
    • 2005 Sánchez, P. Caja negra Esp (CORPES)
      2000: Nuevo avatar de mi humillación: acepto una oferta para dar clases de literatura ni más ni menos que en México, un país lleno de homosexuales reprimidos que se disfrazan de charros para marcar paquete y en el que la clase política parece dominada por clones guadalupanos de Fraga Iribarne o Aznar. Por fin vivo de la literatura, es cierto. Y nada mal, a pesar de tanta gastritis. Pero no es lo mismo. Por otro lado, el exilio, en mi caso bastante cómodo, me aporta algunos beneficios sentimentales: la disección de la nostalgia, la desfamiliarización del tiempo, la ruptura con la presencia. Pero siempre hay muerte. La mía se deja entrever, se disfraza de hipocondría para bromear un poco, se acuesta conmigo, mira el reloj y sonríe. Busco el tablero de ajedrez de El séptimo sello y sólo encuentro el parchís sucio de mi infancia. 2001: Regreso a España con la esperanza (absurda) de encontrar trabajo en alguna universidad sin tener que ser sodomizado, real o metafóricamente. Todo cambia de manera inesperada; conozco por casualidad a Héctor Ugarte, que lee el manuscrito de mi novela y consigue algo increíble: que lo publique la editorial Maldoror.
    • 2012 Montes, J. Vida Hotel Esp (CORPES)
      Vi todo aquello de pasada, siguiendo casi a la carrera la silla de mi guía. Justo al otro lado de la puerta de salida, sin embargo, alguien había intentado hacer habitable y hasta acogedora una sala sin ventanas. La amueblaban sofás desfondados, mesas cojas y sillas vacilantes que debían de haber sobrevivido a varias eras sucesivas de la decoración del hotel. Un cartel que felicitaba el 2001, un espumillón venenoso, ajedreces, damas, parchises y ocas con sus cubiletes y sus dados, unos pósters de cascadas alpinas daban a todo aquello un aire desconsolador de tentativa doméstica. En un rótulo de colores se leía «Sala de recreo». Olía igual que el cuarto de máquinas. El crítico se volvió y nos miramos. —¿Qué te parece? Hice un esfuerzo por sonreír que compensara mi incapacidad para decir nada.
    • 2016 Remón, P. 40 años paz Esp (CORPES)
      Natalia.— ¿Cuándo viene el abogado? Ricardo.— Mañana por la mañana. Natalia.— ¿Y tú qué vas a hacer, Ángel? ¿Te vienes conmigo a Madrid? Ángel.— A Madrid, sí. Prefiero ir a Madrid. Natalia se recuesta y nota algo que hay detrás de ella, entre el montón de basura. Es un parchís con las caras de ellos tres, de niños, y de su madre. Lo coge. Los hermanos lo ven. Natalia.— El parchís personalizado. Con nuestras caras. Nos lo regalaron unas Navidades.

Diccionario histórico de la lengua española
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